Un año más…

(Fuente: pixabay bajo licencia Creative Commons CC0)

Un año más el sol sale por el este y se pone por el oeste, Ana Blanco presenta el Telediario y Jordi Hurtado Saber y Ganar. Un año más los políticos nos envilecen con sus luchas intestinas, mientras manipulan a las masas con promesas incumplidas y la gente no vota con ilusión, sino con odio y con venganza, desde el dolor de su traición y el escozor de sus heridas.

Y mientras tanto, un año más pedí ayuda donde nadie quiso dármela, tuve paciencia donde ya no me quedaban fuerzas y caminé por un camino desértico donde ya no se hace camino al andar, como diría Machado; porque tu camino se desdibuja en una maraña de desdichas e infortunios, de maldades, injusticias y traiciones convirtiéndose en un círculo prisionero y sin retorno. Y en ese año más, agotado e impotente ante el ocaso de mis ideas, no me quedó más remedio que rendirme a batirme en duelo una vez más con mi destino quebrado. Sigue leyendo

Tiempos de lucha

Anuncio de la próxima manifestación de los Trabajadores de la planta de Fuenlabrada para el próximo 16 de Diciembre de 2017 de Coca Cola en Sol

Vivimos tiempos difíciles, tiempos convulsos, tiempos de lucha. Kellys explotadas, becarios abusados, trabajadores precarios y mal pagados; y despidos, la mayoría injustos, cuando no inhumanos e indecentes.

Últimamente hemos asistido a una oleada de manifestaciones y las que nos quedarán por venir. Primero los trabajadores de Titanlux, después los taxistas, ahora los empleados públicos, próximamente la de Coca Cola; y no sabemos si también los de Telemadrid, que este próximo enero cumplen cinco años desde que Telefónica ocupara prácticamente todos sus puestos técnicos ganados por oposición o a lo mejor es que ya se han conformado con que el nuevo Gobierno de Cifuentes haya procedido a una línea editorial más aperturista. Sigue leyendo

Carta abierta al Santo Padre ante el ‘pecado’ de mis responsables

“Quien, por maniobras económicas, para hacer negociaciones no del todo claras, cierra fábricas, cierra empresas y le quita el trabajo a los hombres, esta persona comete un pecado gravísimo” explicaba claramente el Papa Francisco el pasado marzo en la audiencia habitual de los miércoles en la Plaza de San Pedro de Vaticano; dirigiéndose especialmente a los trabajadores de la televisión Sky Italia, allí congregados, que iban a ser despedidos. (Foto: Reuters / Tony Gentile. Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1993609-papa-francisco-quien-quita-el-trabajo-comete-un-pecado-gravisimo)

Soy un español que me llamo precisamente como Usted, habiendo formado parte de una comunidad de jóvenes jesuitas durante más de 7 años en la Parroquia de San Francisco de Borja de Madrid; y a Quien me dirijo especialmente en la necesidad de expresarle una serie de reflexiones desde mi experiencia de vida; precisamente con motivo de uno de sus más valientes discursos calificando de “pecado gravísimo” a “los que por maniobras económicas, para hacer negocios que no están claros, cierran fábricas y quitan el trabajo a los hombres”.

Posiblemente sus palabras resonaran inspiradas en la solidaridad hacia los 200 trabajadores que iban a ser despedidos de la televisión de pago Sky Italia, muchos de ellos congregados en la Plaza de San Pedro; recordando por cierto, no ya a los 200, sino a los más de 800 trabajadores que también fueron despedidos aquí en España por parte de la cadena pública Telemadrid. Sigue leyendo

El paro. Esa muerte lenta, sin sangre y en silencio

(Fuente: pixabay bajo licencia Creative Commons CC0)

El paro es como una enfermedad que va acabando lentamente contigo.

Tienes la sensación de no poder devolver a tu familia todo lo que han hecho por ti. Tienes la sensación de no poder devolver a la sociedad todos los recursos que durante tu formación y años de esfuerzo han puesto para ti. Tienes la sensación de no construir nada, de no aportar nada, de no poder llevar a cabo ningún proyecto de realización personal. Y tienes también una sensación de inutilidad que merma tu autoestima; de manera que con todo ello llega un momento en que ya no confías en ti y en tus capacidades, y por tanto, mucho menos eres capaz de transmitírselo a los demás.

El paro en sí es una injusticia social, una lacra producto del fracaso de un sistema cuya sostenibilidad se ha basado únicamente en las ambiciones del hombre; sólo frenadas por el miedo a cualquier otra alternativa que pudiera arrebatar el poder a quien sólo sabe alimentarse de él.

Y si esto es cierto, mucho más para quienes como yo hemos sido arrojados a su precipicio de la manera más inhumana e inmerecida, simplemente porque a alguien se le encaprichó el hacerlo; cuando en esta lucha salvaje en que se ha convertido este país ya no prima ni tu valía, ni tus conocimientos, ni esa cultura del mérito que tanto se preocupan en proclamar los políticos ; sino únicamente la capacidad para enfrentarte cada día a quien está deseando robarte tu puesto de trabajo; y para lo que desgraciadamente ni yo ni el sistema educativo que nos ha sido dado nos han preparado.

A veces nos preguntamos ¿hasta qué punto es tolerable que para ser acorde a nuestros tiempos haya que adiestrar a las personas para enfrentarlas a las demás, calificándolas eufemísticamente de más competitivas; en lugar de centrarnos en transmitir conocimientos, como se ha hecho toda la vida?

Efectivamente, todo ello no deja de resultar una gran contradicción.

Y así a las personas buenas las obligan a convertirse en alimañas, porque las que lo son no lo necesitan. Y así los que acaban perdiendo son siempre los mismos, los nobles y los honrados, que por mucho que les obligue la sociedad y pese a sus esfuerzos por ir en contra de sí mismos, no podrán renunciar a lo que son. Y así el foso en el que les han metido se va haciendo cada vez más profundo sin que nadie les tienda la más mínima cuerda ni siquiera para sujetarlos.

Eso es al menos lo que consentimos que pase en este mundo. Sobre el otro dicen que los últimos serán los primeros. Pero para entonces ya será demasiado tarde y no estaremos aquí para contarlo.

Escrito por el autor de este blog.

Nuestro mayor pecado: esforzarnos y estudiar

Queremos dirigirnos a todas aquellas instituciones, partidos políticos y organismos públicos garantes de eso que llaman justicia; y por supuesto a cuantas personas de bien, que quieran solidarizarse con nosotros en divulgar este humilde testimonio, como quien tira un mensaje dentro de una humilde botella en la inmensidad de un océano.

Somos un joven parado de larguísima duración. La última vez que trabajamos fue hace siete años. Tenemos una vida laboral de apenas 3 años y 9 meses en 14 años ya desde que terminamos la carrera, y por tanto, con un informe de los servicios sociales reconociendo nuestro riesgo de exclusión social.

Si creen que hemos llegado a esta seria situación porque somos uno de esos que abandonaron las aulas para dedicarse a la construcción, que fracasaron en sus estudios o que se dedicaron a calentar el asiento mientras trasnochaban de botellón en botellón, se equivocan. Tenemos un 8.33 en BUP, otro 8.8 en C.O.U, y un 7.54 en selectividad, más varias matrículas de honor a lo largo de la carrera; por lo tanto, un expediente lo suficientemente digno y honorable como para decir que nos hemos esforzado a lo largo de toda una vida. Y no es baladí, ya que para conseguirlo no nos podemos considerar ni más capacitados ni más inteligentes que los demás, sino simplemente con una gran fuerza de voluntad, muchas veces a costa de quedarnos encerrados horas y horas en la soledad de una habitación con los malditos libros.

Igualmente si creen que no tenenemos suficiente preparación, que no disponemos de la formación necesaria o que en el peor de los casos no hemos hecho lo posible por especializarnos y complementarla, también se equivocan. Como ya se ha podido intuir antes, tenemos una licenciatura con más de 2000 horas en cursos y talleres de esos que llaman “de inserción” y finalmente dos másters; este segundo por cierto con una doble titulación además de la oficial.

Y si creen, por otra parte, que pese a todo ello, y con gran dolor de nuestro corazón, no hemos hecho todo lo posible por intentar labrarnos un porvenir, también se equivocan; probando las más variopintas alternativas fuera de nuestra profesión, apuntándonos diariamente a las masificadas ofertas de Infojobs, y presentándonos a esas surrealistas oposiciones de miles y miles de personas entre auxiliar administrativo, auxilio judicial o tramitación procesal, quemándonos el resto de la vida que nos queda en esa misma soledad en la que nos hemos pasado toda una vida estudiando.

El único pecado, pues, que parece que hemos cometido es haber estado en Telefónica Servicios Audiovisuales, con nuestra mayor ilusión, vocación y desempeño como ya quisieran para sí muchas empresas. Nuestro único pecado es haber hecho más de lo que nos correspondía, acudiendo hasta enfermo, que ya es decir, no sea que por cualquier motivo terminasen rescindiendo nuestro frágil contratito temporal renovado verbalmente cada dos meses. Y nuestro único pecado es haber hecho turnos de siete noches seguidas y hasta 12 horas de jornada en los últimos días, siendo toda una heroicidad llevar la emisión de importantes canales de televisión en medio de lo que psicológicamente significa saber que nos íbamos a ir a la calle.

Porque sí, señores, efectivamente, por todos esos pecados nos despidieron. Aún no lo entendemos, aún nos resulta una pesadilla y nos cuesta concebirlo, como a quien le secuestran a un hijo, porque bien se puede decir que desde entonces nuestra vida se encuentra secuestrada. Pero lo peor no es ni siquiera eso. Lo peor es que se hizo de la manera más ignominiosa, engañándonos aprovechando una circunstancia aparentemente creíble que luego no fue como tal; utilizando igualmente de la credibilidad profesional que la empresa otorga a sus cargos para cometer el engaño con un contrato que estaba en fraude de ley; y en definitiva, abusando tanto de nuestra propia situación de necesidad como del propio poder que tiene la empresa ante un mercado de trabajo tan escaso y monopolizado, de la manera más desleal y despreciable hacia el trabajador.

Ahora el que pudo ser el autor de toda esta injusticia está en un cargo de responsabilidad, siendo el que precisamente se dedica a hacer las entrevistas y contratación de personal en esa empresa; mientras que con nuestra carrera, dos másters, todo ese honorable expediente y dos cartas de recomendación (entre ellas la de la propia Telefónica) estamos en la calle, con esos 3 años y 9 meses de vida laboral y el informe de los servicios sociales.

Alguien pudiera pensar que si no estamos cayendo en el victimismo. Pero piensen cuál es la mejor manera de expresar la indignidad de nuestra situación y de ser comprendidos, si desde la humildad del sufrimiento que vivimos, o desde lo que significa empezar a incendiar contenedores; cuando el triunfo no es de los que tienen moral, sino de los que no la tienen; cuando la recompensa no es de los que se esfuerzan y debieran ser ejemplares, sino de los que no trabajan; y cuando la ley desgraciadamente ya no es de los que debieran cumplirla, sino de los que precisamente no la respetan. Con el pan de cada día, y con el de toda una vida, señores, no se juega.

Nos alarma sinceramente el tipo de sociedad que estamos construyendo, y la clase de país al que vamos. Cuando como en la naturaleza una fuerza perturbadora rompe o altera el estado natural de las cosas, ella misma siempre tiende a restaurarlo con una fuerza proporcional al equilibrio perdido o violentado. Pues como en las leyes de la física, cuando alguien consigue subvertir (incluso en este caso sería más correcto decir pervertir) toda una serie de leyes, que aun no estando escritas, las sentimos transgredidas en nuestra sana conciencia (llamémosle justicia, moral, ética o como queramos), surge igualmente toda una energía que nos lleva a pretender restaurar el orden pervertido, y que de no producirse, lo que podemos conseguir son consecuencias tan dramáticas como el suicidio.

Por todo ello, damos un ultimátum a esos partidos políticos, tan garantes del empleo y de los derechos de los ciudadanos de los que tanto nos hablan, para que puedan darnos una solución a esta situación bochornosa que no se puede consentir; y que tiene su mayor expresión en la manera en que no sólo esta empresa se dedica a despedir de la forma más injusta y abusiva, sino a ocupar la mayoría de los puestos que otras personas, que con el mismo sudor y lágrimas que nosotros, se han ganado dignamente mediante unas duras oposiciones en la autonómica madrileña.

Si esto no es así, desgraciadamente, que luego no nos hablen del peligro de los populismos y sus dictaduras porque las disctaduras ya las tenemos aquí vestidas de democracia. Y que tomen buena nota de qué es lo que motiva un voto en un momento determinado en lugar de hacer tantas encuestas. Porque es la única forma de poder de reaccionar frente a la impotencia que mucha gente siente por el silencio y la pasividad de los poderes públicos ante cosas tan sagradas como la justicia y el pan que necesitamos para sobrevivir en este mundo cada vez más salvaje y carente de toda moral.