Nuestros valores y principios

Desde pequeños nacimos con una debilidad para nuestros días; y ahora que, por cierto, tan de moda se ha puesto hablar de ello en las entrevistas de trabajo. Me estoy refiriendo a la honradez.

Efectivamente, para los que nos enseñaron la importancia de la estética moral, creíamos que el ser leales a ese principio junto a otros valores desde el colegio o la familia, nos generaría un cierto reconocimiento en la vida; y empezando por lo que debería ser la compensación a nuestros brillantes estudios que tanto esfuerzo nos costó sacar.

Pero en la práctica de esta España tan esperpéntica y convulsa no nos ha supuesto más que disgustos, que al fin y al cabo asumimos con mucho orgullo, si no fuera porque la nevera no se llena de denuncias. Y he ahí la gran incongruencia a la que desgraciadamente nos enfrentamos en el mundo de hoy en día.

Por eso, hartos ya de tan malas prácticas y de tanta humillación, hemos dejado a un lado ese carácter pusilánime que todos nos vimos obligados a mantener alguna vez y hemos decidido poner en marcha este nuevo espacio de reflexión y concienciación social.

De hecho, hasta ahora cualquiera habrá podido decir obscenamente y a nuestras espaldas lo que le haya querido venir en gana. Pero ya va siendo hora de empezar a hablar nosotros también de las conductas y comportamientos de los demás, y no precisamente con lo primero que nos venga en gana, sino mediante un riguroso trabajo de recopilación de información tanto a lo largo de varios años como a través de todas nuestras denuncias en diferentes organismos e instituciones; y que es necesario que vaya saliendo a la luz, con el rigor y la honestidad de contar también con profesionales del derecho, a los que antes hemos confiado la revisión de nuestras publicaciones en los asuntos más sensibles.

De manera que a todos los que descubráis este blog, me conozcáis o no, os animo a que leáis atentamente todas sus reflexiones y las que iremos publicando, descubriendo así lo que somos realmente y todo lo que hay detrás; que no son más que historias de injusticias e injusticias traducidas en esa metralla invisible que te va horadando por dentro; y por tanto, en la necesidad igualmente de limpiar nuestra imagen, de demostrar nuestra honra y honor tantas veces dañada, por quienes no han tenido el más mínimo escrúpulo moral de convertir nuestra vida en desgracia, y aún siguen trabajando como si tal cosa.