Así nos despidieron

Ocurría un 20 de enero. Acababan de pasar los Reyes Magos.

Lo normal es que a los niños buenos y que se han portado como deben les entreguen regalos y los que se han portado mal, carbón, y del más negro. Pero en el mundo del departamento de Play Out en Telefónica Servicios Audiovisuales a los amigos de sus “Reyes Magos” les regalan ascensos y nuevos cargos; y a otros como a nosotros, a pesar de haber cumplido a lo largo de todo el año por encima de nuestras posibilidadesnos regalan el carbón negro del paro; en este caso bajo la excusa de que había desaparecido la actividad de continuidad, y por tanto, comunicándonos que nuestro contrato temporal por obra y servicio había finalizado.

Pues sí, así vivimos aquel 20 de Enero como si fuera ayer; recordando esa conocida película llamada “Pesadilla antes de Navidad“, donde a un pobre niño le regalan una calavera mientras un diabólico muñeco vestido de Papa Noel se ríe. De nada sirvió nuestras más de doce horas diarias que hicimos en los últimos días, o acudir hasta enfermo y reventando de dolor de estómago, con tal de preservar nuestro frágil contratito temporal.

El golpe más triste se perpetraría a las 15.00 horas de aquel 20 de enero cuando un individuo llamado Jose Antonio de la Sierra, ascendido a coordinador técnico y hoy jefe del Departamento de Play Out, se acercó a nosotros junto al por entonces jefe de operaciones para comunicarnos la condena de más de 7 años de paro en que se ha convertido nuestra vida y que se estamparía a fecha de 31 de enero.

Por cierto, se le veía contento. El mismo que rememoramos cómo nos reventaba los nudillos de nuestras pobres manos el día de su particular bienvenida; y que ahora silbaba diciéndonos “ya ves, si es que aquí ya no hay nada” “no te preocupes, que si te necesitamos te llamaremos el primero“. Así es la vida.

Mientras tanto, nos ofrecían una carta de recomendación junto a una indemnización adoptando la forma de un despido improcedente para precisamente, según nos dijeron, compensarnos lo más posible por todo nuestro esfuerzo y trabajo, y pese a todas las grandes dificultades que estaba atravesando la empresa.

Y así estuvimos todo un año, pensando en cuándo esas circunstancias cambiarían para que nos volviesen a llamar, tal y como nos habían prometido. De hecho, aún recordamos la noticia del encargo a TSA de la digitalización del archivo histórico de TVE y cómo en seguida escribimos a la por entonces directora de transmisiones Dolores del Campillo rogándola que, por favor, que llevábamos una vida laboral escasísima y que necesitábamos trabajar. Al igual que recordamos a Pedro López Carrero, jefe de recursos humanos, mandar nuestro curriculum a la Televisión del Congreso de los Diputados que también llevaba TSA.

Pero todo aquello no era más que la escenificación del más perverso y ruin engaño. Pues justo al año después, y cuando ya no podíamos ejercer ninguna acción judicial, nos comunican por primera vez que, según ciertos responsables, nuestro trabajo había sido inadecuado (un trabajo inadecuado con una carta de recomendación de ellos mismos en la mano); y que según determinada política de recursos humanos toda persona despedida bajo indemnización no podía volver nunca más a ninguna de las empresas del Grupo Telefónica.

Un hecho, por tanto, sin precedentes, que sería el detonante final para interponer una amplia denuncia ante la Inspección de Trabajo. Y lo que descubrimos fue revelador. Primero, que la empresa de trabajo temporal Tempotel ETT fue utilizada de manera intencionadamente irregular e injustificada. En segundo lugar, que consecuentemente nuestro contrato había estado en fraude de ley y que el fin de obra sobre el que nos habían hecho firmar todos los documentos, no existía. (De hecho, así lo refleja el Inspector de trabajo en su acta, quien eleva la sanción pertinente por el perjuicio causado al trabajador). Y en tercer lugar, dedujimos cómo sobre la base de ese mismo fin de obra inexistente, se nos aplicó una política de recursos humanos que deja muchas dudas sobre su legalidad después de una reciente sentencia del Tribunal Supremo; y que incluso nos la ocultaron en el momento de nuestro despido.

En resumen, tal y como vemos, toda una traición basada en el engaño más vil, del que participaron mandos directos con la complicidad de altos cargos, abusando de nuestra situación de necesidad y utilizando especialmente la credibilidad profesional que la empresa les otorgaba. Y a lo cual no le cabe otro calificativo más que la encerrona más obscena y macabra;  y de la que, por tanto, no tuvimos ninguna escapatoria.

Desde entonces, lo cierto es que ha habido un antes y un después, y nuestra vida no ha vuelto a ser igual. No sólo por la tristeza, la indignación y la rabia, como ya se puede entender; sino porque cuando hemos querido tratar de olvidar todo lo ocurrido intentando comenzar una nueva vida mas allá de TSA nos hemos encontrado con unas importantes dificultades para encontrar empleo, viéndonos obligados hasta hacer un segundo máster bajo la friolera 14.500 €; y dejando como resultado más de 7 años en paro y un informe de los servicios sociales constatando nuestro riesgo de exclusión social.

Así que después de insistir a cantidad de organismos y de contar esta historia a abogados de todo tipo hemos decidido dar un paso más con este humilde blog, más la campaña que acabamos de iniciar en Change.org; y no vamos a parar hasta que todo se conozca públicamente y las autoridades reaccionen.

Porque lo que no queremos es acabar como esas tristes noticias que hemos conocido de niños víctimas de bulling. Porque lo que no queremos es que se siga consumando esta tragedia, de quienes se ríen por destrozarnos la vida, mientras nos devoran las termitas del paro y nos cerca la horca de la falta de conciencia y la incomprensión. Y porque, en definitiva, lo que no queremos es que la impunidad del silencio consagre la ley del injusto, sirviendo de ejemplo para otras historias, igual de inmerecidas y de profundo dolor.

Escrito por el autor de este blog