La ilusión traicionera

Vivimos en un mundo inestable, frágil, difícil, lleno de incertidumbres. Es ese mundo en el que lo que hoy es mañana no es, y en el que todo se rompe y es temporal. El trabajo, pues, es temporal, el amor y las parejas son temporales, los pisos son temporales (hoy puedes pagar uno y mañana ninguno); y al final la vida desgraciadamente, aunque lo queramos negar, también es temporal. Por eso mucha gente aplica el carpe diem. Vive como puedas y lo que puedas hoy que mañana ya veremos, pero actualmente mucho más, porque como decíamos, es la nueva era de la constante incertidumbre precaria.

Y en esa incertidumbre la ilusión, esa que dicen que mueven montañas, esa que parece que es el antídoto contra la depresión y permite sentirnos vivos, incluso sentirnos felices en medio de la nada, también se vuelve traicionera y encierra silenciosamente su sufrimiento.

Porque la ilusión siempre nace de proyectos; proyectos que pueden llevarse a cabo en la práctica y que incluso pueden convertirse en grandes proyectos. Pero poco puedes ilusionarte cuando siempre navegas en esos mares de vacilaciones, de dudas, de inseguridades, de inquietudes, de intranquilidades, de volatilidad permanente, como dicen con esa bonita palabra que se han inventado los economistas; y que te asalta cada día, cada vez que tal y como se mueve el mundo de hoy, ni siquiera sabes si vas a poder vivir ahora mismo, como para plantearte con ilusión un proyecto a medio o largo plazo en el mañana. Y si lo haces correrás el riesgo de toparte con esa convulsa realidad, la que hoy te da algo para quitártelo inmediatamente; sintiendo su dolor más traicionero, que es peor que si no te ilusionases con nada, el del desengaño, el de ver una y otra vez tus sueños frustrados.

Así que es triste, pero hoy en día es peligroso ilusionarse. Es peligroso porque en la medida en que te ilusionas sufres esos mismos desengaños, y son aún mayores cuanto mayor es la distancia en la que ingenuamente hemos caído entre la ilusión y la amarga realidad que nos rodea. Por eso, lo mejor, y aunque parezca un contrasentido, es no ilusionarse con nada, no esperar nada de nada, incluso ponerte en lo peor. Porque sólo así podrás disfrutar del verdadero gozo de que alguna vez la vida le dé la gana de sorprenderte con algo positivo.

Es más, ahí es lo contrario. Estás tan acostumbrado a que ésta nunca te compense por nada, que cuando lo hace inesperadamente, aunque sea con lo más mínimo, parece que hubiera caído un ángel, el sol renace en ti, y por un momento, vuelves a sonreír. Pero no por mucho tiempo, no te engañes, porque como decimos todo sigue siendo fugaz.

Así que mientras tanto haz lo que toque, lo que toque mientras toque trata de hacerlo, eso sí lo mejor que puedas. Porque en ese constante ser para no ser al minuto siguiente, quien se ilusiona en exceso con todo muere en desilusión y desengaño para siempre.

Escrito por el autor de este blog “Vida Precaria”. Fuente de la foto: Pixabay bajo licencia CC0 Creative Commons