Nuestros mayores, esos nuevos luchadores

Pensionistas manifestándose ante el Congreso (foto de Laura Olías publicado en el Diario.es, ver enlaces relacionados)

Este artículo va dedicado a los mayores, esos nuevos combatientes que han nacido, quién sabe si con más fuerza que los propios jóvenes, y con una ventaja: a ver quién se atreve a cargar contra ellos cuyas imágenes serían tan crudas como apalear a un niño pequeño; luchando, pues, a brazo partido contra nieve, viento y marea, con sus paraguas y sus garrotes, desfogando toda su rabia y dolor, voz en grito contra ante el Congreso, por sus pensiones miserables; aquéllas que además de servirles a ellos, sirven especialmente a su hijos y a sus nietos, y gracias a las cuales, las manifestaciones no se vuelven tan duras como estamos acostumbrados ver en nuestros hermanos latinoamericanos.

Auque quizás no sean tan nuevos luchadores. Muchos de ellos han vivido los duros tiempos de la posguerra, alguno incluso recordará la guerra civil, y si no a través de sus padres que son nuestros bisabuelos. Por eso precisamente, y por el gran número de votos que representan, serán un duro hueso de roer para la política cómoda.

Como decía Juan Soto Ivars en su artículo de El Confidencial “Los putos viejos en pie de guerra” (pero con cariño) y especialmente aludiendo a ellas, las abuelas de toda la vida: “Señoras que según el sistema no contribuyeron, porque solo dedicaron su vida laboral a cocinar gratis, a limpiar los altillos gratis, a fregar el suelo gratis, a lavar la ropa gratis, a planchar la ropa gratis, a cuidar gratis. Señoras que convirtieron el amor, esa materia no monetizable, en trabajo santo y gratuito (…) Señoras ignorantes y sencillas que sin embargo consiguieron alargar el sueldo del marido currante hasta el día 30 y todavía mandaron a algún hijo a estudiar”. Efectivamente, y seguimos citándole en su artículo, refiriéndose ya en general a nuestros mayores: “Ellos consiguieron salvar a sus familias con una pensión minúscula. Son ellos quienes deberían ocupar los ministerios de Economía y Hacienda. Ellos, y no vosotros, saben salvar una casa y un país. (…) Ellos son los protagonistas del auténtico milagro económico”

Y ahora esos mayores jubilados, cuando parecía que iban a disfrutar de sus momentos de mayor tranquilidad con una vida “hecha”, se encuentran con que se la quieren deshacer porque efectivamente las pensiones es el eslabón perdido que aún sigue sin encajar en la nueva era precarizadora, de quienes vivieron ese capitalismo mimoso y de sociedad del bienestar que convenía ante la amenaza del socialismo soviético en tiempos de la llamada “Guerra Fría”, y que ahora ya no tiene sentido ni interesa mantener ante la nueva era del paro y los sueldos de miseria.

Como decíamos en este país las pensiones es un tema muy sensible, porque la pensión se ha convertido en algo más el sueldo de lo que fue alguien que estuvo cotizando durante toda su vida a la Seguridad Social. Es la rémora de los sueldos, la estabilidad y sociedad del bienestar del ayer que todavía sirve para sostener a toda una clase de jóvenes precarios y desamparados que vive de esa generación anterior, pero que cuando desaparezca, quedarán sumidos en la muerte por el hambre, la pobreza y una miseria tan dura como la de la posguerra. Es decir, que efectivamente, las pensiones son el verdadero subsidio por desempleo de tantos parados de larga duración que no cobran prestación. Y es también el sustento de muchos que, aunque trabajen, lo hacen con sueldos de contratos parciales o becas que se mueven entre los los 300 o 600 €; eso si les pagan.

(Foto de EFE realizada por Jesús Narvaiza y publicada por la República.com)

Por lo tanto, los jubilados, los pensionistas, digámoslo claro, es otro milagro económico más gracias al cual los empresarios pueden seguir aprovechándose y abusando, gracias a las cuales los hijos o los nietos de esos mismos jubilados pueden, por ejemplo, costearse carísimos másteres con los que en realidad pagar por trabajar. Y encima pórtate bien porque, según los nuevos deseos de la CEOE, quieren establecer un periodo de prueba también para las prácticas; de manera que si eres muy exigente, no es que ya no te paguen, es que te vas a la calle sin ninguna protección ni sueldo que te acompañe, y encima después de haberte gastado el dinero en un máster. Es espeluznante. No sé hasta cuánto vamos a aguantar e incluso creemos que estarán sorprendidos de seguir aguantando tanto.

Pues muy bien. Cada vez seremos más. Y ténganlo muy en cuenta. Todo esto está generando una transformación lenta, silenciosa, no sólo en los cambios que quieren provocar en la sociedad, sino también en la respuesta que está dando esa misma sociedad amenazada a través de los cambios que está provocando en la política.

Fruto de estas realidades, pues, tenemos el llamado populismo, en unos casos de izquierdas en otros casos de derechas, que están emergiendo cada vez con más fuerza en toda Europa. Y fruto de ello también, sin ir más lejos, es el enquistamiento del independentismo que se está produciendo en Cataluña. Un problema que dicen político, pero que tiene su germen en esa misma gente desesperada en respuesta a sus traiciones permanentes de vidas truncadas, quebradas y vacías. Porque todos ellos saben que nada de esto es casual, que todo responde a un plan, que es el nuevo plan de acabar con toda una clase mimada y con derechos del pasado a través de la muerte más silenciosa y sutil, que es la del hambre y la falta de recursos, que sin embargo, otros acumulan insaciablemente para seguir siendo dueños del mundo y repartírselo a su antojo.

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