Mentira y engaño ¿de qué se extraña usted?

(Fuente: pixabay bajo licencia Creative Commons CC0)

De entre todos los mandamientos del Antiguo Testamento hay uno particular que está completamente muerto en nuestros días: el de “no dirás falso testimonio ni mentirás“. Vivimos en una sociedad de civilizado cinismo. La vida obliga a mentir para evitar que las verdades provoquen conflictos. Es el cumple y miento de la cotidiana hipocresía.

Pero cuando a la mentira se le añade una intención aviesa (que es la de perjudicar a una víctima en la medida en que ese mismo perjuicio provoca un beneficio en quien lo ejercita) dejamos de hablar mentira, para tomar la dimensión de lo que conocemos como engaño.

Y lo más sorprendente, a la vez que indignante, no es que siempre haya gente dispuesta a engañarte, (como el ladrón tratará de robar o el delincuente pretenderá atacarte), pues el mal inevitablemente existe; sino que en determinadas situaciones estas prácticas se consideren admitidas y difícilmente perseguibles, en tanto que el código penal, como parte de ese constructo dinosáurico de nuestra mal llamada ley, no son más que un conjunto de normas discretas que alguien formuló e incapaces que de nadie las cambie; y que tienen que ajustarse a cada situación como el zapato al pie de la cenicienta, mientras la picaresca de la vida no para de aguzar el ingenio con montones de fórmulas, aún más facilitadas por el vacío legal de las nuevas tecnologías.

Esta mañana nuestra capacidad de asombro nunca tendrá límites, cuando tras acompañar hasta la comisaría de policía a un familiar que había sido víctima de un fraude por parte de un comercial de una compañía eléctrica, siendo manipulado para que firmara bajo engaño lo que en realidad era un cambio de contrato; nos dicen que, aunque estuviera en todo su derecho, no le iba a servir para nada y que se dirigiera mejor a la oficina del consumidor. Todo esto junto a otra persona que de repente no sabemos de donde apareció, pero que terminó de rematar la función viniéndonos a decir que ya se sabe que los comerciales suelen utilizar toda clase de “triquiñuelas” para que al final termines firmando como sea. Vamos, que la sensación que tuvimos es que íbamos allí por capricho y que lo nuestro no tenía la menor importancia.

Claro, no nos habíamos dado cuenta de que, por ejemplo, en China los estudiantes que copien en Selectividad se enfrentan a siete años de cárcel, y que en Alemania al menos, los ministros de Educación y Defensa dimitieron al demostrarse que plagiaron sus tesis doctorales, pero que aquí en España si no lo haces es porque eres tonto; y que siguiendo con ese mismo razonamiento, a la hora de la verdad, estos comerciales son pobre gente que se está ganando la vida a 300 € por cada ingenuo que engañan. Porque, claro, no sea que fastidiemos las últimas cifras veraniegas sobre el empleo con las que el Gobierno pretende sacar pecho para decir que estamos saliendo de la crisis.

Es más ¿por qué ya no puestos legalizamos la droga y la prostitución? De hecho, hay quien ya lo ha propuesto. Y si por economía se trata que se legalice también la libre venta de armas en España. No hay duda de que todo eso moverá la economía y generará puestos de trabajo. Porque el dinero (ya lo dijimos en otra de nuestras reflexiones) no atiende a valores, ni a lo que es bueno o malo; sólo atiende a productividades con independencia de cómo se obtengan.

Así que con todo ello, como en otras muchas cosas, nos preguntamos ¿qué tiene que ocurrir para empezar a tomar conciencia de todo esto y de lo que significa que hay engaños, como los que pueden producirse durante un despido, que pueden llegar a destrozarte toda una vida?

Insistimos ¿qué tiene que suceder para que por fin todo esto cambie, cuando es evidente que todo esto debería cambiar de una vez? ¿a que haya un accidente como ese cruce en el que no hay forma de que nadie ponga un semáforo jamás, hasta que efectivamente se produce ese accidente? ¿a que alguien se suicide, como acaba de pasar con los pobres niños objeto del bulling? ¿a que terminemos en una auténtica confrontación civil, de gente cada vez más cansada, que termine siendo utilizada por cualquier ideología como pretexto para desfogar toda su rabia y dolor inflamados?

¿Cómo puede ser que siempre actuemos así y no baste con lo que estamos denunciando en nuestro blog “Vida Precaria” y estamos viendo con nuestros propios ojos?

¿Y cómo puede ser que ese constructo dinosáurico de nuestra justicia se separe cada vez más del concepto natural de justicia que habita en nuestras sanas conciencias? Pues sí, efectivamente, en nuestro país, el país emérito de la corrupción, todo esto parece posible.

Reflexión realizada por el autor de este blog. Fuentes y enlaces relacionados:

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