Vida de lucha en lucha

(Fuente: pixabay bajo licencia Creative Commons CC0)

Desde que te levantas por la mañana es estar continuamente en una vida de lucha en lucha.

Empiezas la jornada de trabajo, tratando de descubrir a ese mal compañero que trata de agraviarte por la espalda con habladurías venenosas; bien para que le renueven a él mientras tú te vas a la calle; bien para que al terminar tus prácticas gratis le cojan a él mientras tú, una vez más, te vas a la calle; o bien, para convertirte igualmente en su cadáver preferido sobre el que construirá su liderazgo impune, convirtiéndose así en jefe y ejemplo de los demás. Todas estas derivadas pueden ser posibles.

Después llegará el del banco, engañándote para que firmes unos contratos que al final hacen que te quedes sin tu pobre dinerito ahorrado durante muchos años, como ha pasado con las preferentes; o descubriendo que lo que aparentemente era legal, no lo era, pero que esos mismos todopoderosos bancos lo hacen porque les da la gana. Hasta que alguien llega, lo denuncia, y después de condenar su vida a no sabemos cuántos años a base de abogados y pleitos, termina en el Tribunal Europeo; y de repente anula esas cláusulas abusivas y sale en todas las noticias. Porque la justicia es noticia, los abusos no lo son.

Pero más tarde estarás tan tranquilo en tu casa, disfrutando de tus hobbies en el único momento de descanso que te permites en esta lucha encarnizada que nos toca vivir; y te aparecerá por sorpresa, en sábado y en pleno Agosto, un comercial de una eléctrica utilizando toda clase de artimañas inmorales para engañarte una vez más y hacerte firmar sin tu consentimiento un cambio de compañía que no has pedido. Eso si no te vas de viaje y te encuentras con que te lo han hecho directamente a base de tomar tus datos personales de no se sabe dónde y hasta han falsificado la firma de tu DNI, como podemos leer en una noticia del Diario Veinte Minutos.

Vivimos en un mundo donde la indecencia y la corrupción moral se han instalado como algo normal; y donde incluso, puesto que los primeros modelos ejemplares son los propios políticos, mucha gente lo ve como necesario para vivir. Porque la globalización precarizadora ha conseguido que ya no exista lo bueno o lo malo, lo decente o lo indecente, sólo lo que da dinero y lo que no lo da; y si necesitas dinero como sea, entonces mucho más. Eso sí, mucho ojito con lo que dices por Internet y sobre quién hablas, si son multinacionales, bancos, empresas… ; porque en seguida, por decir cualquier verdad, se pueden sentir ofendidas, mientras a ti te están aplastando a base de injusticias por todas partes .

Por cierto, se nos olvidaba. El mundo de la televisión es un reflejo de nuestra sociedad actual. Todas las cadenas están llenas de debates que son escenografía viva de esas mismas luchas cotidianas entre nosotros, reflejo del mundo de confrontación de hoy en día y alimentados por la carnaza de la indignación permanente. Y si somos un tanto observadores nos daremos cuenta de la belicidad lingüística a la que nos hemos acostumbrado; a ver quién grita más y dice la última barbaridad utilizando la palabra no como aportación, ni como reflexión, sino como mero puñal para clavárselo al adversario; mientras ése mismo reacciona a su vez con toda su furia consiguiendo en definitiva la audiencia que el medio necesita para sobrevivir bajo la publicidad. Por cierto, ¿Cómo se puede pedir trabajo en equipo en una empresa si en el fondo somos un país que está demostrando sobradamente que no sabe convivir y que se destroza asimismo? De eso ya hablaremos indudablemente en Despido Indecente, en un espectacular artículo que no dejará indiferente a nadie; y de un tema además como es éste que parece sagrado y tabú, pero que vamos a desmitificar por primera vez en nuestro blog.

Así que, volviendo al punto en el que estábamos, se llega un punto en que la indecencia está tan institucionalizada y es tal la pérdida de valores en esta nueva era salvaje que nos toca vivir, que al final pueden acabar diciéndote que la culpa no es del que te engaña; sino tuya que confías en la empresa y en tus jefes, tuya que te fías del comercial de la eléctrica, tuya que te encomiendas al banco y firmas sin leer esa letra pequeña que aparece en el borde inferior derecha de la hoja (eso si aparece), y tuya que en definitiva te dejas engañar. Es decir, que la culpa no es ya del delincuente, ni del que comete el fraude, el delito o la maldad; que la culpa no es del que como digo te estafa y te engaña, sino tuya y sólo tuya que te dejas delinquir, engañar, estafar…, y, claro, no te sabes defender. No nos habíamos enterado. Por cierto, que frente a los que te engañan también están los que hacen sus agosto siendo salvadores de los que te engañan, esto es, organizaciones de consumidores y empresas de seguridad.

Y nosotros concluimos preguntándonos ¿qué hacíamos entonces en el colegio aprendiendo tantas cosas inútiles y no enseñándonos lo que realmente importaba?

Posiblemente porque tanto la educación del pasado como incluso la del presente se encuentren demasiado anquilosadas para este mundo de lucha y guerra que una vez más nos toca vivir.

Autor: F. Santos. Fuentes y enlaces de interés:

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