Reflexiones sobre el actual sistema económico y social

(Fuente: pixabay bajo licencia Creative Commons CC0)

Tenemos un sistema que no nos ofrece satisfacer las inquietudes vocacionales del hombre, que no vale para generar una esperanza en nuestras vidas o para encontrar un sentido en ella. Tenemos un sistema que sólo permite hablar de números, de elementos tangibles, de materia, pero que es incapaz de interpretar los sentimientos de las personas, que es desde donde nace gran parte de lo que somos.

Y sobre todo tenemos un sistema que no favorece la fraternidad de esas mismas personas porque no está construido desde el respeto, ni desde los principios que organizan los demás elementos de la naturaleza, sino únicamente desde las ambiciones desmedidas del hombre.

Es más, su pilar básico es la llamada “ley del máximo beneficio”, es decir, la consagración de egoísmo por antonomasia; lo que nos lleva a provocar unos grandes desequilibrios que no sólo no están por resolver, sino que amenazan con convertirse en el mayor exterminio de la clase media; esa única clase que hacía de colchón hasta ahora entre la pobreza y la extrema riqueza.

Ese mismo sistema, por cierto, es una forma más en que el hombre también está haciendo de aprendiz de brujo, dispuesto a gobernar hasta los principios más básicos de esa misma naturaleza (creyendo que le pertenecen simplemente porque se le ha dado inteligencia y medios para conseguirlo); pero que al final lo único a lo que le llevará es a su destrucción como civilización, sucumbiendo así ante otras sociedades menos tecnificadas, pero con un concepto de la moral y la vida mucho más arraigadas a esas mismas leyes que pretende suplantar. Así, pues, cayó el imperio romano en manos de los bárbaros; así se han ido sucediendo civilizaciones y civilizaciones a lo largo de la historia; y así también caerá nuestro sistema.

Incluso, si todo esto no pareciera suficiente y el hombre siguiera con ese fanatismo absurdo, incapaz de poner todo su conocimiento al servicio del bien común sino sólo a merced de sus más bajas pulsiones, es que quizás no fuera un buen experimento dotar de inteligencia a lo que en el fondo no es más que un chimpancé con sus instintos territoriales y una tendencia a la agresividad que otros animales, sin embargo, como los pájaros carecen.

Así que por eso, porque queremos creer que el hombre es algo más que un triste chimpancé con botones bajo el brazo, invitamos a hacer una seria reflexión sobre este sistema económico que padecemos.

Por eso, debiéramos considerar que si lo que está construido tiene defectos en sus cimientos, andar haciendo reformas resultará inútil; y no llegaremos más que a obtener algo que volverá a estar viciado sobre esos mismos defectos de origen.

Por eso, pensamos que lo importante es trabajar todos juntos y no perder el tiempo en discutir qué opción sería la más adecuada (conduciéndonos una vez más a luchas eternas que sólo buscarían intereses de poder), sino simplemente aquélla más satisfactoria para todos.

Y por eso, una vez conseguido (y eso puede durar los años que sean necesarios) será fundamental toda una filosofía intelectual que defienda esa propuesta; una propuesta que tiene que pasar necesariamente por respetar las leyes del universo y de la naturaleza, como ya hemos explicado al principio; que tiene que servir de ejemplo para sanar a una sociedad corrompida por la justicia injusta del hombre; y que, por supuesto, tiene que tratar de reproducir los conceptos más básicos de equidad y reparto de la riqueza que están en la mente de cualquier sana conciencia.

Si no es así, es decir, si no contamos con nuevas raíces para replantar, si sólo pensamos en hacer falsas revoluciones para seguir alimentando el poder de unos sobre otros y si sólo pensamos en destruir lo que tenemos, tampoco llegaremos a ninguna parte; y sólo nos quedaremos con el desierto después del incendio incapaces de crear nada, ni siquiera nada mejor. Porque la destrucción por la destrucción no nos conduce más que a la destrucción misma.

Y eso lo sabe el actual neoliberalismo. Por eso se comporta tan feroz. Porque no ve alternativas, nuevas ideas que arraiguen realmente entre la población. La única alternativa era el socialismo y esa ya falleció.

Reflexión realizada por el autor de este blog

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